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Misión,
Filosofía y Objetivos
La Facultad de
Derecho Eugenio María de Hostos se fundó con el objetivo de ofrecer una
opción educativa diferenciada a la comunidad jurídica del país, en
particular en la región oeste de la Isla. Al momento del establecimiento de
nuestra Institución, existían tres escuelas de Derecho en Puerto Rico y sólo
una de éstas fuera de la zona metropolitana de San Juan, en la ciudad de
Ponce.
Sin embargo,
hace ya varios años se planteaba la deseabilidad y necesidad de una nueva
Facultad de Derecho, esta vez en Mayagüez, la tercera ciudad de mayor
importancia en el país.
Estudios
empíricos han demostrado que los abogados y las abogadas que se gradúan de
las escuelas de Derecho ubicadas en San Juan tienden a establecerse en dicha
región. Por eso la importancia de crear instituciones de este tipo fuera de
la capital, que contribuyan a la formación de profesionales del Derecho para
que rindan servicios necesarios en otras partes de la Isla y que ocupen
posiciones de liderato en su gobierno y en sus entidades privadas. Ello le
daría una representación necesaria a los intereses de estas regiones dentro
de las instituciones y procesos decisionales del país.
Durante los
últimos años se han planteado planes de desarrollo, especialmente para las
ciudades de Ponce y Mayagüez, con el propósito de transformarlas en
importantes centros políticos, económicos y culturales, como parte de un
proceso necesario de descentralización. Precisamente, los planes y procesos
de descentralización de la gestión y las actividades económicas en la Isla
determinan la imperiosa necesidad de formar cuadros profesionales que sirvan
como capa gerencial y directora de los esfuerzos de desarrollo regional,
como parte integral de iguales planes a nivel nacional. En el caso de
Mayagüez, es necesaria una Facultad de Derecho en función de dichos
objetivos.
El objetivo
primario de la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos es la formación
integral de juristas, a partir de una perspectiva humanística y social de su
función en la comunidad. El propósito es que éstos intervengan activamente
en los procesos normativos, políticos y económicos, tanto en el ámbito
regional como en el nacional. La pertinencia social de nuestra profesión en
el Puerto Rico contemporáneo depende fundamentalmente de nuestra capacidad
para trascenderlas perspectivas adversativas, economicistas y tecnicistas
que han prevalecido en el interior de la misma durante los últimos tiempos.
Es esencial
que los juristas se formen como profesionales letrados, verdaderos
intelectuales críticos e ingenieros sociales, dedicados al cultivo activo de
los conocimientos y prácticas necesarias para una más justa y eficiente
administración de la justicia, la formulación de política pública en la Isla
y nuestra inserción competitiva en el nuevo orden global, económico,
jurídico-político y cultural. Es imprescindible la total comprensión de la
naturaleza social, política y valorativa del Derecho, y de la función social
primaria que desempeñan los juristas como mediadores de conflictos sociales,
orientadores de los procesos prescriptivos de la sociedad, y organizadores
de los procesos sociales junto a otros grupos profesionales. Así
contribuirán constructivamente al desarrollo del país y a la solución de los
problemas que aquejan a nuestra sociedad.
Por otro lado,
el modelo tradicional de educación jurídica crea un proceso de aprendizaje
que, fundamentalmente, se concentra en la transmisión de información. Tiene,
además, la tendencia nociva a privilegiar al tribunal como escenario casi
exclusivo de práctica profesional, así como dentro de éste a las soluciones
adversativas y litigiosas, a pesar del enorme costo que tiene tanto en
términos económicos como sociales.
De ahí el
imperativo de promover un modelo educativo basado en el desarrollo humano
profesional del estudiante mediante un proceso formativo que se concentre en
el desarrollo de un pensamiento crítico, analítico y sistémico. Dicho modelo
tiene que centrarse en el desarrollo de las competencias necesarias para el
desempeño efectivo como un profesional del Derecho en nuestra sociedad.
Contrario al modelo prevaleciente, de influencia fundamentalmente
estadounidense, tiene que ser interdisciplinario, comparativo, contextual y
orientado a una intervención crítica en los procesos de administración de la
justicia, la formulación y aplicación de política pública, y el desarrollo
político y económico en los contextos regional y nacional, y en el nuevo
escenario global.
Tiene que
impartir las siguientes destrezas formativas:
-
la capacidad
para el razonamiento lógico y la abstracción;
-
la capacidad
para pensar crítica y sistémicamente;
-
la capacidad
para integrar y aplicar, crítica y creativamente, los conocimientos;
-
la capacidad
para experimentar y crear;
-
la capacidad
para trabajar tanto individual como colectivamente y
-
la capacidad
para comunicar, educar, orientar, organizar y dirigir.
La sociedad
actual requiere de procesos epistemológicos que tomen en cuenta la
naturaleza cambiante y contingente del saber. El conocimiento es hoy, más
que nunca, una tecnología de poder cuya utilidad social radica en la
capacidad que educación profesional en el presente no se puede reducir a
impartir dominio sobre un cuerpo de conocimientos técnicos especializados.
Las nuevas realidades económicas y sociales, regionales, nacionales y
globales exigen que los profesionales desarrollen la capacidad para integrar
y aplicar creadoramente un bloque amplio de conocimientos.
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